lunes, 30 de abril de 2012

EL IMPACTO EMOCIONAL DE LA JUBILACIÓN

Ángel es un hombre de 65 años de edad, que desde hace aproximadamente un mes presenta sensación de falta de aire y se siente más cansado de lo habitual. Tras realizarse un chequeo médico y comprobar que todo está bien, acude a nuestro centro, donde nos explica que ha estado durante algunos meses preparando (a nivel empresarial) su jubilación, tras cuarenta años dedicado a su propio negocio, y que desde hace algo más de un mes y medio, está “oficialmente” jubilado. Asimismo, explica que en casa las cosas no van del todo bien, ya que su esposa ha sido diagnosticada de una enfermedad crónica, y que uno de sus hijos está en proceso de separación. Explica también, que desde que tiene esta sensación de falta de aire y de cansancio, ha empezado a introducir ciertos cambios en su vida: ha dejado de hacer deporte, realiza más trayectos en coche para no cansarse, evita situaciones de estrés y alimentos “inadecuados”, etc; ya que cree que de esta manera controlará mejor los síntomas mencionados y conseguirá que desaparezcan antes. Ángel presenta una reacción de ansiedad relacionada con su jubilación.

Muchas veces, al jubilado le cuesta aceptar su nuevo rol vital. Es habitual la tendencia a asumir, durante el transcurso de nuestra vida, la identidad de cada uno de nosotros con el rol profesional que tenemos (el abogado, la maestra, el oculista, la diseñadora, el pastelero), por ello, en el momento de la jubilación, nos encontramos con otras muchas identidades que también forman parte de nuestra vida y a las que seguramente no les estábamos prestando tanta atención como la que le prestaremos a partir de este momento: yo como persona, yo como padre/madre, yo como abuelo/a, yo como esposo/a, etc.

Fases de adaptación.
Según los estudios realizados, existen diversas fases de adaptación a la jubilación, aunque no todos pasamos por todas ellas, ni tampoco en el mismo orden.
  • Fase de “Luna de miel”. Ocupa los primeros días que siguen al momento de la jubilación. Suele aparecer una sensación de estar de vacaciones, pero mejor, ya que no existe la presión de ver cómo se acaban los días, y la persona suele sentirse “feliz” de estar jubilada, por lo que realiza planes múltiples y sus expectativas suelen ser elevadas.
  • Fase de “Desencanto”. Pasadas las primeras semanas, puede que las cosas no sean como esperábamos (dificultades para llevar a cabo todos los planes que habíamos hecho, ser conscientes del cambio económico que supone la jubilación, sentir cierta nostalgia del trabajo, enfrentarnos a nuestro “nuevo yo”). Es entonces cuando puede aparecer sintomatología ansiosa o depresiva (fruto de la decepción o la frustración); contrarrestándose, en algunas ocasiones, con hiperactividad, y en otras, abandonándose las actividades habituales.
  • Fase de “Reorientación”. La etapa anterior nos obliga a buscar nuevas expectativas, más realistas y ajustadas a la nueva situación.
  • Fase de “Estabilización”. Es el momento en el que nos adaptamos a la jubilación, aceptando nuestro nuevo estatus y alcanzando un equilibrio entre las posibilidades y los recursos.

Factores de riesgo.
Podemos encontrarnos con diversas variables que, según los estudios realizados, pueden aumentar la probabilidad de presentar una mala adaptación a la jubilación:
  • Falta de proyectos personales y de tareas en las que ocupar el tiempo.
  • Una jubilación anticipada o forzada.
  • La presencia de estresores diversos, tales como problemas de salud, económicos, familiares, etc.
  • Tener una baja red de apoyo social, así como no tener pareja.
  • Tener un bajo nivel educativo.


¿Cómo gozar de una jubilación positiva?
Es recomendable tener bien planificada la jubilación, ya que nos adaptamos mejor a aquello que esperamos que suceda; en el caso de Ángel, se había ocupado excesivamente de los aspectos más “administrativos” y se había olvidado de pensar en los aspectos más personales. Anticiparnos a la jubilación nos ayudará; por ejemplo, podemos empezar a realizar actividades propias de la jubilación antes de habernos jubilado.
También es muy importante estar rodeados de la familia y los amigos, y mantenernos activos, tanto socialmente como intelectualmente y físicamente. En este sentido, Ángel se encontró con un panorama familiar complicado, y además, fruto de sus síntomas de ansiedad, empezó a abandonar actividades que para él eran placenteras, tales como el deporte o caminar, pensando que así evitaría la aparición de los síntomas ansiosos, pero no hizo más que empeorar el cuadro.
La jubilación es el momento, también, de realizar aquellas actividades que nunca hemos podido hacer por falta de tiempo (aprender idiomas, acudir a clases de baile, cocina o jardinería, escribir, o incluso iniciar unos estudios).
Por último, tenemos que comprender que es un cambio vital, y como tal, conlleva un periodo de adaptación que durará algún tiempo. En el caso de Ángel, su impaciencia y exigencia también le estaban dificultando el proceso, dado que no se estaba permitiendo que el transcurso de la adaptación tomara un tiempo.

Coméntanos…
¿Estás jubilado? ¿Cómo ha sido tu experiencia?
¿Cómo imaginas tu jubilación?

Para más información:CENTRO ITAE 
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