martes, 3 de julio de 2012

El trastorno obsesivo compulsivo


Miguel es un chico de 28 años, que a los 16 años empezó a tener pensamientos intrusivos que le costaba controlar y que le llevaban a tener algunas “manías”. Todo se inició un día que estaba en la playa y se pinchó con la aguja de una jeringuilla; desde aquél momento, empezó a preocuparle tanto la idea de contagiarse de VIH, que no pudo evitar empezar a llevar a cabo una serie de conductas que le ayudaban a quedarse algo más tranquilo: comprobar los sitios donde se sentaba y pisaba, revisar los objetos que tocaba, asegurarse de que no había sangre ni jeringuillas entre sus pertenencias, etc. Todo este despliegue de rituales conllevaba un tiempo enorme perdido en cada pequeña tarea o actividad, por lo que acabó evitando realizar cada vez más actividades y recluyéndose más y más en casa. Miguel sabía que su miedo era irracional, pero no podía evitar tener todas esas “manías” y llevar a cabo sus rituales.

El Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC).
El TOC es un trastorno de ansiedad que implica, en las personas que lo sufren, una afectación de su funcionamiento diario, debido a la presencia de obsesiones y compulsiones. Las obsesiones son pensamientos concretos, imágenes o ideas, que aparecen en contra de la voluntad de la persona; el contenido de estas obsesiones suele tener una temática común: contaminación, contagio, violencia, sexo y religión. La persona que sufre un TOC sabe que las obsesiones que tiene son irracionales, pero no las puede evitar; además, le provocan un intenso miedo, angustia, duda y un gran sufrimiento. Las compulsiones son las acciones (conductuales o mentales) que la persona lleva a cabo para librarse de las obsesiones y reducir así la ansiedad que éstas le provocan (lavarse, rezar, comprobar, contar, etc.); estas acciones son repetitivas y pueden seguir un determinado orden o regla. Las compulsiones, o rituales, son útiles a corto plazo, ya que calman la ansiedad de la persona que las realiza, pero a largo plazo refuerzan la idea de peligro o amenaza, por lo que los miedos empeoran y las compulsiones acaban siendo la norma, generándose así un círculo vicioso del que es difícil salir.

Numerosas investigaciones muestran que el 90% o más de la población presenta obsesiones y compulsiones alguna vez en su vida. Existen muchas personas que no pueden irse de casa sin comprobar que la puerta y el gas están bien cerrados, aunque sepan que sí lo están. Pero se considera que una persona padece TOC, y que por tanto requiere tratamiento, si los problemas interfieren en su calidad de vida. Así pues, no supone lo mismo comprobar una vez el gas, que hacerlo multitud de veces al cerrar cada puerta y cada luz, y que a su vez esto impida, por ejemplo, que lleguemos puntuales al trabajo.
El siguiente link es de un fragmento de la película Mejor Imposible, en la que el protagonista sufre un TOC:  http://www.youtube.com/watch?v=aWj1S_S1mSY



Origen del TOC y tratamiento.
Diversas teorías sugieren que la causa del TOC es de base biológica; concretamente, se trataría de una alteración neuroquímica (disminución de un neurotransmisor llamado Serotonina), y se ha comprobado que durante las etapas de estrés empeora el cuadro.
Se calcula que alrededor de 3 de cada 100 personas padece TOC, aunque no todo el mundo busca tratamiento; uno de los motivos principales es que se sienten avergonzados por tener este tipo de pensamientos, imágenes o impulsos, así como rituales, y lo sufren en silencio, sin saber que existe una explicación y un tratamiento para lo que les sucede. El tratamiento del TOC es combinado: psiquiátrico y psicológico. Los 2 tipos de intervención son compatibles y se complementan. En cuanto a la psicofarmacología, se utilizan los llamados “antidepresivos”. Y la base del tratamiento psicológico es la exposición in vivo con prevención de respuesta, es decir, exponer al paciente a aquello que teme, previniendo la compulsión (el ritual). En nuestro ejemplo, Miguel debía exponerse a sentarse sin comprobar antes las sillas, a coger objetos sin revisarlos antes, a dejar de observar su entorno en busca de restos de sangre o jeringuillas, etc. Cuando Miguel realizaba estas tareas, la ansiedad aumentaba notablemente, pero gracias a la respuesta de habituación del ser humano, al cabo de un rato dicha respuesta de ansiedad disminuía significativamente. Con la práctica, es decir, con reiteradas exposiciones, Miguel consiguió que la ansiedad cada vez fuera más leve, hasta incluso desaparecer.
Si te has sentido identificado con el perfil presentado, o si le has encontrado parecido con alguien de tu entorno, es aconsejable que acudáis a un profesional para realizar una terapia de orientación cognitiva-conductual, ya que, como hemos mencionado, el TOC requiere un abordaje terapéutico psiquiátrico y psicológico para poder ser estabilizado.

Coméntanos…
  • ¿Conocías este tipo de trastorno de ansiedad?
  • ¿Alguna vez has tenido la necesidad de hacer algún ritual?

Para más información: CENTRO ITAE 
T 902 100 006 

No hay comentarios:

Publicar un comentario