miércoles, 27 de febrero de 2013

Chantaje emocional



Adriana acaba de cumplir 30 años y ha decidido que ahora es el momento de tener hijos. Lleva dos años conviviendo con su pareja, Alberto, quien también quiere ser padre, pero no ahora, ya que hace poco que ha empezado un máster que le requerirá muchas horas de dedicación. Hace algunos meses, hablaron sobre ser padres y llegaron al acuerdo de esperar algún tiempo más, pero parece que a Adriana se le ha disparado el reloj biológico y empieza a estar impaciente. La semana pasada, Adriana sacó el tema en una comida familiar, iniciando la conversación con la siguiente frase: “Ahora que ya tengo 30 años, me gustaría ir pensando en formar una familia, pero parece que Alberto no me quiere tanto como antes, porque antepone su máster antes que hacerme feliz”. Alberto optó por ignorar lo que había escuchado, pero aquella noche quiso aclarar las cosas. Habló con Adriana para hacerle entender que no se trataba de no quererla, sino que ya habían acordado que él empezaría el máster y retrasarían un par de años la paternidad. Adriana no quiso escucharle demasiado y le dijo: “está bien, esperaremos, pero quién sabe si dentro de dos años seguiré contigo…”. 

El chantaje emocional consiste en utilizar los sentimientos como arma para conseguir que los demás sucumban a las exigencias de uno mismo. Se considera un tipo de maltrato psicológico, y es habitual encontrarse con él. Es una práctica habitual en muchas parejas y entre padres e hijos, pero se puede dar en cualquier relación interpersonal.

El perfil del chantajista emocional
En la base de un chantajista emocional, más que maldad, se esconde debilidad e inseguridad ante la libertad de actuación de las personas que quiere. Suele tener un carácter posesivo, que le hace actuar de manera que parezca una víctima cuando los demás no responden según sus exigencias, y acaba infundando sentimientos de culpa. Según los estudios, existen diversos perfiles de chantajistas emocionales:
  • El castigador: es directo, dice exactamente lo que quiere, y expone las consecuencias que tendrá el hecho de no ceder a sus requerimientos. Suelen utilizar frases del estilo “cómo no hagas esto…”. Provocan miedo en la otra persona, aunque cabe destacar que no suelen cumplir los castigos que anticipan
  • El autocastigador: este tipo de chantajista emocional es el que se dañará a si mismo si no se hace lo que él quiere, pero siempre avisa antes. En este caso,  las amenazas van hacia él mismo, con expresiones de tipo “si no haces lo que te pido no sé lo que me pasará”, generando un sentimiento de culpa que obliga al otro a acceder a lo que le pide.
  • La víctima: es aquel que obliga a que se adivinen sus deseos, para que luego quede claro que es responsabilidad del otro el asegurar que los obtenga. Suele ser un perfil silencioso y depresivo que, pese a no amenazar, confunde y hiere. Suele creer cosas del estilo “si me quisieras tanto como dices sabrías lo que necesito”.
  • El provocador: este perfil es el que ofrece grandes promesas si el otro se somete a sus exigencias. Sus expresiones suelen ser: “si haces lo que te pido te compraré / te llevaré…”. Como es de esperar, nunca cumplen las promesas que hacen. Sus víctimas suelen acabar desconfiando de él.

Las víctimas del chantajista emocional
El miedo es lo que suele convertir a los demás en víctimas de un chantajista emocional; el miedo a que se rompa la pareja, a perder a seres que apreciamos, etc. Los comentarios y actitudes del chantajista acaban desequilibrando y avergonzando a sus víctimas, que, aunque saben que tiene que cambiar esta dinámica y se prometen hacerlo, acaban cayendo de nuevo en sus redes. La autoestima de las víctimas del chantajista va disminuyendo, a base de verse cayendo una y otra vez en lo mismo. Existen ciertas características que hacen vulnerables a ciertas personas para convertirse en víctimas de un chantajista emocional: una excesiva necesidad de aprobación, necesidad de no tener conflictos, miedo al cambio, tendencia a responsabilizarse de los demás, elevada inseguridad en uno mismo, experiencias previas de pérdidas o fracasos. Este perfil de persona suele disculparse, cambiar sus planes, ceder, le cuesta defender sus necesidades, se rinde, etc.

Cómo hacer frente al chantaje emocional
Si actúas como chantajista, pregúntate por qué lo haces: ¿De qué tienes miedo? ¿Qué te ayudaría a actuar de otra manera? Si estás en la posición de víctima, no intentes cambiar a la persona que te manipula, más bien utiliza la comunicación. Dado que suelen darse situaciones ambiguas, es necesaria una comunicación clara y honesta que permita dar luz a las situaciones ambiguas. Hablar de las propias emociones es más eficaz que reprochar o acusar, que suele generar más barreras, en lugar de comprensión. Si no se consigue frenar el chantaje, hay que pensar en soluciones más drásticas, como apartarse de esa persona.
En terapia, se suele trabajar la asertividad del paciente. Dado que el perfil de la víctima suele ser un perfil sumiso y pasivo, debemos darle herramientas para fomentar su asertividad: que aprenda a defender sus derechos individuales desde una postura firme.

Coméntanos… ¿Alguna vez has sentido que te hacían chantaje emocional? ¿Cómo gestionaste la situación?
¿ Identificas haber utilizado alguna vez el chantaje emocional?

Para más información: CENTRO ITAE
T 902 100 006 
info@centreitae.com
http://www.centreitae.com

 

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