viernes, 23 de diciembre de 2011

LOS CELOS PATOLÓGICOS

Cuando se habla de celos en primer lugar se debe diferenciar entre los celos sanos y los celos patológicos.
Entendemos como celos normales aquella preocupación ante la posible pérdida de la persona amada, esta preocupación puede llevar a sentir en mayor o menor medida un malestar. En este caso, las personas que sienten esta preocupación son capaces de tolerar la incertidumbre y, por tanto, aceptar que se trata de una posibilidad y no de la realidad, el hecho de que sus parejas puedan tener una relación de infidelidad, y aceptan el malestar, pero no adoptan conductas de comprobación ni de control.

Por el contrario, las personas que sienten celos patológicos, pensar o sentir que sus parejas les puedan ser infieles o que se pueda romper la relación les lleva a experimentar un elevado sentimiento se inseguridad que puede ir acompañado por hostilidad e irritabilidad, y en algunas ocasiones incluso pueden aparecer conductas agresivas.

La diferencia entre ambos tipos de celos se halla en que la presencia de celos patológicos lleva a la persona a pensar a partir de pensamientos rígidos y dogmáticos, basado en exigencias absolutistas, que les lleva a no admitir  más posibilidad que el cumplimiento de sus deseos y por tanto creen que sus pensamientos muestran la realidad.

En este sentido, una persona podría percibir la posibilidad de una infidelidad como algo insoportable, aterrador. De este modo, vigilará cada gesto de su pareja hacia otra persona para tratar de prevenir e impedir que llegue a suceder eso que considera intolerable.

Los celos están formados por un conglomerado de diferentes emociones, observando que cada persona tendrá una composición diferente de dichas emociones. La emoción de los celos es secundaria y dependerá de cómo hemos aprendido y desarrollado la gestión de las emociones básicas (tristeza, miedo, rabia, alegría y amor) en la infancia.

Las emociones más visibles en el caso de los celos suelen ser: la rabia, seguida del miedo y la tristeza.
Cuando una persona siente un elevado sentimiento de celos en su relación vemos que ésta tiene un problema de autoestima y que fruto de la propia inseguridad le lleva a sufrir por la posibilidad de sentir que su relación de pareja pueda romperse. Por ello debemos destacar que los celos nunca se consideran una muestra de amor.

Para aquellos que sientan celos en sus relaciones os proponemos algunos pasos a seguir para intentar que disminuya vuestro grado de malestar y preocupación.

  1. Cambiar el pensamiento rígido e intentar hacerlo más flexible. Ejemplo: Un pensamiento rígido sería: “Mi pareja no puede ni debe dejarme nunca bajo ningún concepto, porque si lo hace me sentiré fatal y no lo podré soportar”. Quien piensa de este modo va a sentirse ansioso, inseguro, agresivo y dependiente. Este pensamiento se podría cambiar por: “Quiero a mi pareja y me gustaría que nuestra relación no terminara, pero es libre de elegir lo que quiere, y si me deja será doloroso”. Quien piensa de este modo, puede estar preocupado, pero no aterrorizado.
  2. Aprender a tolerar la incertidumbre, tanto en tu relación de pareja como en otras áreas de tu vida.
  3. Retirar las conductas de control y comprobación hacia tu pareja. Elabora una lista de aquellas cosas que haces para controlar a tu pareja o comprobar que es sincero/a contigo y retíralas gradualmente. A corto plazo uno siente que al controlar está más tranquilo pero a largo plazo no hace más que aumentar y mantener la desconfianza por lo que es primordial dejar de hacerlo.
  4. Dedicar más tiempo para ti. A menudo cuando una persona siente celos en su relación acaba estableciendo una relación de dependencia hacia la misma, por lo que es importante que dediques más tiempo para ti y que aumenten las actividades gratificantes que conforman tu vida.
Participa:

¿Sueles preocuparte por la posibilidad de que tu pareja te engañe?

¿Relacionas los celos con las muestras de amor?


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      lunes, 5 de diciembre de 2011

      EL SEXO EN LA TERCERA EDAD

      Acostumbramos a pensar que la actividad sexual de las personas mayores es poca o prácticamente inexistente. Algunos factores hacen cambiar la actividad sexual en esta etapa de la vida. Los principales son la salud física, el interés por lo sexual, el estado emocional de la pareja y de cada uno de sus miembros, la sexualidad previa y las creencias relacionadas con el sexo y la vejez. Pero no es cierto que no se pueda disfrutar del sexo, llegada una determinada edad.

      De hecho, durante la vejez, conservamos la capacidad de respuesta sexual en todas sus fases, pero es necesario entender que se producen cambios físicos y que, con ellos, puede que tengamos que cambiar el tipo de actividades sexuales para seguir disfrutando.

      Los cambios físicos propios de la vejez, en ocasiones, pueden dificultar las relaciones sexuales entendidas de una forma únicamente genital. El sexo mejorará si se incluyen nuevas formas de practicarlo que presten más atención al resto del cuerpo: explorar el cuerpo de la pareja a través de caricias, masajes, o más juegos que fomenten la sensación de intimidad. Estas prácticas favorecen la excitación, la sensación de placer y la satisfacción.

      En los casos en que exista un problema de salud añadido que pueda estar limitando la respuesta sexual, o en que la misma medicación que se toma para corregirlo esté reduciendo el deseo o la respuesta ante el sexo, es necesario consultar al médico. A pesar de que a veces tocar este tema con los demás nos pueda intimidar, hay mucho por ganar.

      Para poder disfrutar del sexo en la vejez hay que combatir y dejar atrás los mitos que se han creado entorno a este tema. Algunas personas tienen falsas ideas sobre el sexo en la tercera edad que limitan su capacidad para disfrutar. Por ejemplo, pensar que la persona mayor no siente deseo sexual ni tampoco posee capacidad para llegar al orgasmo, o que el sexo en la tercera edad es de mal gusto o no es decente o que con la llegada de la menopausia termina la vida sexual.
      El sexo es algo natural en el ser humano, como la alimentación o el sueño, por eso es necesario prestarle la atención que se merece y procurar su buen funcionamiento.

      Como en todas las fases de la vida, otra de las cosas que hará que el sexo en esta etapa sea satisfactorio, es la comunicación y la compenetración entre la pareja.
      Dejemos a un lado la vergüenza y atrevámonos a decirle a nuestra pareja lo que nos gusta y lo que nos gusta menos. Los gustos en lo sexual pueden haber cambiado a lo largo de la vida, y por eso, es necesario explicar qué nos apetece hacer en este momento.

      Mantener un buen nivel de actividad diaria y con ello fomentar un buen estado anímico también favorece el apetito sexual. La sensación de bienestar, de sentirse útil y activo nos aportan una buena dosis de autoestima, que nos predispone más a mantener relaciones sexuales. A la vez, el mantenerlas, vuelve a aportarnos una dosis de autoestima que nos ayuda a mantenernos activos y sanos.
      Este es el círculo de salud física, emocional y sexual, que interesa que mantengamos.

      En general, el cuidado de la salud física, la comunicación con la pareja, incluir nuevas prácticas sexuales, el combatir los falsos mitos y el mantenerse activo, son aquellas cosas que fomentarán una sexualidad sana en la tercera edad.

      Si a pesar de esto, tiene dificultades para disfrutar de su vida sexual, no dude en ponerse en contacto con nosotros.

      Comparte con nosotros:
      ¿Crees que la edad es un impedimento para disfrutar de la sexualidad?
      ¿Qué mitos hay sobre el sexo en la vejez?

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