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viernes, 25 de mayo de 2012

La desconfianza en la pareja


La falta de confianza en una relación de pareja puede aparecer por diversos motivos. La desconfianza provoca que se piense mal hacia la pareja y esto puede ser consecuencia de diversas cuestiones, puede ser que su pareja le haya confesado una infidelidad en un momento de la relación o bien que haya habido un periodo de separación temporal entre vosotros y que durante este tiempo habéis tenido la oportunidad de mantener relaciones con otras personas. En estos casos existe una pérdida de confianza hacia la pareja, hecho que provoca que la pareja necesite perdonar lo sucedido y volver a construir la confidencia perdida en la pareja, probablemente resolviendo los problemas internos de la relación que llevaron a que esto sucediera.
Sin embargo, existen otras personas que ya desde el inicio de la relación, dudan de sus parejas, sin ningún motivo aparente. Esta desconfianza es la que trataremos en el artículo.

Este es el caso de Carlos, que acudió a nuestro centro porque no podía evitar sentir desconfianza hacia su pareja aunque en el fondo sabía que podía confiar en ella. Carlos llevaba seis años con Verónica, y al principio no creía que la relación sería estable, pensaba que sería un “amor de verano”. Pero poco a poco, iba pasando el tiempo y la relación se iba afianzando, sin embargo, él no podía evitar desconfiar de ella, pues le costaba comprometerse con alguien. Cuando salía con sus amigas, le hacía un interrogatorio sobre como había ido e incluso le miraba el móvil para comprobar si era cierto lo que ella le decía, y a pesar de ello, no lograba creerse lo que oía. De este modo, cada vez necesitaba tener más pruebas para tener la certeza absoluta de que era sincera con él, no sólo cuando salía, sino también había llegado a dudar, por ejemplo, cuando le decía que iba de compras y no compraba nada fuera cierto que había ido a comprar, o cuando volvía tarde del trabajo, no se creía que era porque la reunión había durado más de lo habitual. El control llegó a tal punto que Verónica le planteó un ultimátum, o ponía remedio a la situación o se separaba. Entonces, Carlos se dio cuenta de que no la quería perder, que en el fondo temía tanto quedarse solo, que necesitaba tener el control absoluto en todo lo que pasaba alrededor de la vida Verónica.

Como vemos en el caso de Carlos, la confianza es un pilar fundamental de la vida de la pareja. Sin confianza, no se puede establecer una relación de intimidad real con la otra persona. Cuando una persona desconfía de su pareja, tiende a preocuparse por dudas no justificadas acerca de la lealtad o la fidelidad de ésta, de tal modo que va a intentar buscar pruebas de sus sospechas. Como consecuencia, se entra en el siguiente círculo vicioso: 

La desconfianza puede provocar importantes dificultades en la relación de pareja, puesto que debilita el apoyo, la comunicación y el compromiso de la relación.

¿Cuál es la causa?
Si bien es difícil encontrar una causa común a todas las personas que desconfían de sus parejas, algo que sí está presente en todas ellas es la Inseguridad y la Baja Autoestima.
Para buscar la causa mantenedora de este tipo de desconfianza, más que mirar al otro miembro de la pareja, debemos cambiar el foco de atención hacia uno mismo. Tras la falta de confianza, se esconde un bajo autoconcepto de uno mismo y una baja autoimagen. La persona teme que la pareja pueda sentirse atraído por otra persona más atractiva o más inteligente, infravalorando sus potencialidades y viéndose a si mismo poco importante e inferior al resto. La baja autoestima va unida con el miedo al abandono y a la soledad, hecho que hace establecer relaciones de dependencia y conductas control hacia la pareja, para asegurarse que no se rompa la relación.

Estrategias para evitar la desconfianza:
  • A nivel de pareja: es vital la comunicación, fomentando la intimidad basada en la sinceridad mútua.
  • A nivel individual:

    • Dejar de buscar pruebas. A corto plazo disminuyen la duda, pero a largo plazo mantienen la desconfianza.
    • Centrarse en lo que verdaderamente está sucediendo en lugar de estar pendiente a las preocupaciones.
    • Dedicar tiempo a hacer actividades individuales fuera de la pareja y compartir luego con la pareja cómo han ido.
    • Organizar actividades de pareja que sean divertidas, y que lleven a generar mayor espacio de intimidad.
    • Valorar los aspectos positivos de uno mismo y reforzarlos.
    • Sacar partido a las fortalezas que uno tiene.
 Si a pesar de ello la desconfianza sigue haciendo mella en tu relación, te recomendamos que consultes con un especialista quien de manera individual te ayudará a superar tu problema. Los tratamientos cognitivo-conductuales son el tratamiento de elección para estos problemas.

Cuéntanos…
  • ¿Alguna vez has sentido que desconfiabas de tu pareja sin pruebas de ello?
  • ¿Crees que la confianza es un ingrediente indispensable para que la pareja funcione?
  • ¿En algún momento has perdido la confianza hacia tu pareja y no has logrado recuperarla?

Para más información: CENTRO ITAE 
T 902 100 006 
E info@centreitae.com
W http://www.centreitae.com/

viernes, 23 de diciembre de 2011

LOS CELOS PATOLÓGICOS

Cuando se habla de celos en primer lugar se debe diferenciar entre los celos sanos y los celos patológicos.
Entendemos como celos normales aquella preocupación ante la posible pérdida de la persona amada, esta preocupación puede llevar a sentir en mayor o menor medida un malestar. En este caso, las personas que sienten esta preocupación son capaces de tolerar la incertidumbre y, por tanto, aceptar que se trata de una posibilidad y no de la realidad, el hecho de que sus parejas puedan tener una relación de infidelidad, y aceptan el malestar, pero no adoptan conductas de comprobación ni de control.

Por el contrario, las personas que sienten celos patológicos, pensar o sentir que sus parejas les puedan ser infieles o que se pueda romper la relación les lleva a experimentar un elevado sentimiento se inseguridad que puede ir acompañado por hostilidad e irritabilidad, y en algunas ocasiones incluso pueden aparecer conductas agresivas.

La diferencia entre ambos tipos de celos se halla en que la presencia de celos patológicos lleva a la persona a pensar a partir de pensamientos rígidos y dogmáticos, basado en exigencias absolutistas, que les lleva a no admitir  más posibilidad que el cumplimiento de sus deseos y por tanto creen que sus pensamientos muestran la realidad.

En este sentido, una persona podría percibir la posibilidad de una infidelidad como algo insoportable, aterrador. De este modo, vigilará cada gesto de su pareja hacia otra persona para tratar de prevenir e impedir que llegue a suceder eso que considera intolerable.

Los celos están formados por un conglomerado de diferentes emociones, observando que cada persona tendrá una composición diferente de dichas emociones. La emoción de los celos es secundaria y dependerá de cómo hemos aprendido y desarrollado la gestión de las emociones básicas (tristeza, miedo, rabia, alegría y amor) en la infancia.

Las emociones más visibles en el caso de los celos suelen ser: la rabia, seguida del miedo y la tristeza.
Cuando una persona siente un elevado sentimiento de celos en su relación vemos que ésta tiene un problema de autoestima y que fruto de la propia inseguridad le lleva a sufrir por la posibilidad de sentir que su relación de pareja pueda romperse. Por ello debemos destacar que los celos nunca se consideran una muestra de amor.

Para aquellos que sientan celos en sus relaciones os proponemos algunos pasos a seguir para intentar que disminuya vuestro grado de malestar y preocupación.

  1. Cambiar el pensamiento rígido e intentar hacerlo más flexible. Ejemplo: Un pensamiento rígido sería: “Mi pareja no puede ni debe dejarme nunca bajo ningún concepto, porque si lo hace me sentiré fatal y no lo podré soportar”. Quien piensa de este modo va a sentirse ansioso, inseguro, agresivo y dependiente. Este pensamiento se podría cambiar por: “Quiero a mi pareja y me gustaría que nuestra relación no terminara, pero es libre de elegir lo que quiere, y si me deja será doloroso”. Quien piensa de este modo, puede estar preocupado, pero no aterrorizado.
  2. Aprender a tolerar la incertidumbre, tanto en tu relación de pareja como en otras áreas de tu vida.
  3. Retirar las conductas de control y comprobación hacia tu pareja. Elabora una lista de aquellas cosas que haces para controlar a tu pareja o comprobar que es sincero/a contigo y retíralas gradualmente. A corto plazo uno siente que al controlar está más tranquilo pero a largo plazo no hace más que aumentar y mantener la desconfianza por lo que es primordial dejar de hacerlo.
  4. Dedicar más tiempo para ti. A menudo cuando una persona siente celos en su relación acaba estableciendo una relación de dependencia hacia la misma, por lo que es importante que dediques más tiempo para ti y que aumenten las actividades gratificantes que conforman tu vida.
Participa:

¿Sueles preocuparte por la posibilidad de que tu pareja te engañe?

¿Relacionas los celos con las muestras de amor?


Para más información: 
CENTRO ITAE 
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info@centreitae.com 
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      martes, 8 de junio de 2010

      LAS RUPTURAS DE PAREJA Y SU ESPECIAL INCIDENCIA DESPUÉS DE LAS VACACIONES


      Las rupturas de pareja tienen lugar por muchos y muy diferentes motivos: falta de comunicación, menos cuidado de la relación, conflicto de intereses, desamor, acontecimientos vitales estresantes (problemas económicos, laborales, etc.), dificultades en las relaciones sexuales, infidelidad, etc.

      Cada uno de los problemas expuestos puede conducir a una crisis de pareja que cada miembro debe enfrentar para poder mantener una buena calidad de vida, como individuo y como pareja. Sin embargo, hay casos en los que alguna de estas crisis se resuelve con una ruptura.

      Un momento especialmente vulnerable donde aumenta significativamente el número de separaciones o divorcios es después de las vacaciones, ya que el período estival puede ser el momento perfecto para redescubrir a la pareja y reforzar la relación, o también puede convertirse en el detonante para una ruptura. Esto es así porque a menudo lo que parecían discusiones fruto de la vida cotidiana como el estrés o la conciliación de la vida familiar y laboral, se revelan como dificultades más profundas que no sobreviven a la convivencia estival. Este fenómeno puede tener muchas explicaciones pero parece que el hecho de tener más tiempo libre implica que también pensemos más en si nuestra relación va bien o mal, si existe comprensión, si tenemos la misma intimidad o incluso el mismo nivel de confianza que antes. Es entonces cuando nos planteamos la posibilidad de mejorar nuestra relación, luchando por ella, o darnos por vencid@s y decidirnos por una separación.

      ¿Qué puede llevar a una pareja a esta situación? Como se ha comentado, puede haber muchos motivos para que una pareja decida separarse, pero esa especial incidencia después de vacaciones puede estar relacionada con alguno de los siguientes aspectos:

      - Pueden existir conflictos anteriores y las vacaciones son el detonante debido a compartir una convivencia intensiva. Esta situación deja al descubierto una falta de comunicación y de solución de problemas en la pareja.

      - Es posible que la ruptura del día a día pueda suponer un problema de adaptación para aquellas personas que basan su equilibrio emocional en la rutina. El romper con esa rutina diaria implica cambios a los que hay que adaptarse y esto puede constituir un factor de estrés que requiere ajustes por parte de ambos miembros de la pareja.

      - El resto del año cada miembro de la pareja cuenta con el apoyo social de los compañeros de trabajo y amigos, y dicho apoyo normalmente desaparece en vacaciones.

      - Otro posible motivo es haber conocido durante las vacaciones a personas con las que aparentemente se tiene más en común. Esto ocurre porque en la época estival todos acostumbramos a mostrar nuestra cara más amable y divertida. Esto puede ensombrecer los motivos por los que estamos con nuestra actual pareja e influir en la decisión de la separación.

      - Muchas parejas esperan demasiado de las vacaciones. Es decir, creen que las peleas y los conflictos que han tenido lugar a lo largo de todo el año, van a desaparecer por el simple hecho de “estar de vacaciones”. Cuanto más altas expectativas tengamos de cuán perfectas deben ser las vacaciones, más probable es que tengamos un sentimiento de decepción y frustración ante la más mínima discusión de pareja.


      En un intento de prevenir una posible ruptura tras las vacaciones, es recomendable tener en cuenta las siguientes pautas:

      1-Ajustar vuestras expectativas a la realidad tratando de no idealizar el período vacacional. Para ello cada miembro de la pareja debe revisar sus creencias sobre “unas vacaciones perfectas”, y plantearse si son adecuadas.

      2-Cultivar un clima de tolerancia y comprensión. Para ello es necesaria una dosis de flexibilidad, poniendo en práctica la empatía, es decir, intentar ponernos en el lugar del otro. Así mismo, es importante practicar la escucha activa, sorprender al otro con detalles, etc.

      3-Buscar momentos para realizar actividades en solitario. No es necesario hacerlo todo en pareja, lo importante es la calidad del tiempo compartido y no la cantidad.

      4-Aprovechar las vacaciones para mejorar la comunicación: aprender a expresar sentimientos positivos (“te quiero”, “soy feliz cuando tú…”, etc.), sentimientos negativos (“has gritado al hablarme y eso me ha hecho sentir mal”, por ejemplo), recuperar momentos de complicidad con vuestra pareja (vuestra canción, vuestro restaurante favorito, etc.), no discutir si uno de los dos está alterado y dejarlo para más tarde cuando los ánimos estén más calmados, negociar soluciones intermedias, etc.

      5-Interpretar los conflictos vacacionales como una oportunidad para aprender.

      6-Al final del verano, recordar también los momentos agradables, no sólo los problemáticos.


      A la vuelta de vacaciones es recomendable dejar transcurrir algún tiempo antes de tomar decisiones trascendentales como una ruptura, ya que con la vuelta a la rutina puede que la situación vuelva a normalizarse. Si no es así, el mejor tratamiento es una terapia de pareja llevada a cabo por profesionales, en la que se realice una evaluación y tratamiento de los aspectos que han conducido a la actual crisis de pareja, con el objetivo de encontrar la solución más adecuada para ambos miembros de la pareja.


      Para más información:
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      T 902 100 006
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      lunes, 12 de abril de 2010

      LA INFIDELIDAD: ¿POR ACCIDENTE O POR CONDICIÓN HUMANA?

      Las relaciones sexuales y el tipo de sexualidad (satisfactoria o no), son uno de los pilares fundamentales en toda relación de pareja y un elemento clave para su buen funcionamiento. La rutina, el fin de la pasión inicial característica de la primera fase de una relación, las expectativas frustradas sobre la pareja, la percepción de la falta de libertad, la insatisfacción sexual, …son factores, entre otros, que pueden actuar como desencadenantes de problemas de pareja, y pueden predisponer a cometer infidelidad.

      Contrariamente a lo que es habitual pensar, no por el hecho de no sentir la pasión inicial, dejamos de querer. Al contrario, llega un punto en el que esta pasión pasa a un plano secundario dejando su lugar a otros componentes básicos para consolidar la pareja tales como la necesidad de vinculación con la otra persona, el compromiso, la comprensión mutua, la seguridad, entre otros. Sin todos estos factores la relación estaría “coja”.

      ¿Qué es la INFIDELIDAD?

      Se podría definir como la “traición al voto de compromiso, a la intimidad y a una promesa”. Por todo esto duele tanto descubrir una infidelidad. El dolor viene dado sobretodo por el engaño. Las respuestas a la hora de descubrir una infidelidad pueden ser múltiples e inesperadas. Lo que sí está claro es que supone un punto de inflexión en la pareja, y muchas de ellas no pueden superar este conflicto. En la mayoría de las ocasiones, la infidelidad ocurre como consecuencia de un problema de pareja ya sea o no consciente y manifiesto.

      La infidelidad entraña un concepto muy complejo que puede abarcar distintas condiciones: con o sin relación sexual, con o sin implicación emocional, parejas casadas o solteras, heterosexuales u homosexuales, etc. En muchas ocasiones se ha relacionado la infidelidad con el desamor, lo que significaría que quien quiere no puede cometer infidelidad. Pero seguramente muchos de nosotros hemos conocido personas que sí que estaban enamoradas y le han sido infieles a su pareja en algún momento de sus vidas. Es cuando nos vienen a la cabeza las típicas frases acerca de: “con lo bien que se les veía”, “no lo habría dicho nunca de ellos”, etc…pero realmente, ¿se dan por qué había un problema previo de pareja, o bien ha surgido de la nada?

      Estando muy enamorados de vuestra pareja, ¿creéis que podríais asegurar con total certeza que bajo cualquier tipo de circunstancia nunca cometeríais infidelidad o que nunca habéis tenido la tentación de hacerlo y que por lo tanto tampoco lo perdonaríais? O pensáis que ¿Aun estando enamorado, el ser humano tiene momentos de fragilidad que pueden llevarlo a cometer infidelidad con lo que seríais capaces de perdonarla?

      LAS CAUSAS de la infidelidad pueden ser múltiples y no siempre tienen que ver directamente con el desamor. Puede ser debido a una insatisfacción personal o sexual, por falta de independencia percibida, por el tipo de personalidad, baja autoestima, según valores y religión, falta de comunicación y por necesidad de romper la monotonía sobretodo en aquellas parejas que llevan mucho tiempo juntos, entre otros.

      LAS REACCIONES, LAS EMOCIONES Y LOS SENTIMENTOS son múltiples e inesperados. En un primer momento la reacción es totalmente emocional. Sentimientos como la rabia, la incomprensión, el dolor, la traición, son frecuentes. Pasado un cierto tiempo, la reacción es más racional. En este momento es cuando la persona puede entrar a valorar con más claridad, si es capaz o no de perdonar, si quiere dar una segunda oportunidad o si él o ella tienen parte de culpa.


      CONSECUENCIAS EMOCIONALES Y/O PSICOLÓGICAS

      En determinadas ocasiones, todas estas emociones y sentimientos pueden desarrollar algún tipo de problemática psicológica tal como: la ansiedad, la depresión, el estrés, el insomnio, la irritabilidad, la baja autoestima y otros. Sería recomendable ponerse en manos de un profesional especialista en este tipo de problematicas, con el fin de afrontar esta etapa de una forma más adecuada.

      EL MEJOR TRATAMIENTO irá dirigido a tratar los síntomas psicológicos derivados, fomentar la toma de decisiones, trabajar la autoestima, gestionar las emociones, reconducir la vida de la persona en el caso que se separe y restaurar la confianza que se habrá roto en el caso de tirar hacia delante la relación. En este último caso, paralelamente se deberá fomentar la comunicación entre los miembros de la pareja a la vez que atender a las necesidades personales de cada uno de los dos, entre otros.


      ASPECTOS GENERALES A CONSIDERAR

      • Está claro que contrariamente al análisis “fácil” que se tiende a realizar sobre este tema, estamos delante de un fenómeno muy complejo que no se puede juzgar a la ligera.

      • Si bien es cierto que la infidelidad se relaciona casi siempre con el desamor, no siempre es así.

      • No existe un único tipo de infidelidad: puede darse de forma inesperada o accidental, o bien por adicción sexual más habitual entre el género masculino, por venganza, y porque nos podemos sentir demasiado atados a la otra persona al no aceptar que la intimidad conlleva un cierto grado de implicación y dependencia emocional.

      • Es un tema que atañe tanto a hombres como a mujeres desde hace unos cuantos años, pero se observan diferencias de género en cuanto a la necesidad o no de cierto nivel de vinculación emocional, que se manifiesta más comúnmente en mujeres, así como la predisposición al perdón: por lo general a los hombres les cuesta más perdonar una infidelidad sexual y a las mujeres una infidelidad emocional.

      • Puede suceder que se esté o no dispuesto a perdonar. En caso de que sí, es importante que el miembro de la pareja que apuesta por dar una segunda oportunidad a la relación tenga como punto de partida el perdón sincero. Si la persona no quiere realmente perdonar, de nada servirá “aguantar” la relación por venganza o con el fin de hacer reproches constantemente.

      • También podríamos hablar que existe un error de base. Cuando nos comprometemos, tendemos a renunciar del todo a nuestra intimidad individual y pasamos a tener una intimidad comuna. En el mundo real, renunciar del todo a ciertos aspectos de nuestra vida, nos es difícil. Por tanto, sería bueno que desde un inicio se intentase delimitar el espacio individual del espacio común con el fin de evitar tener sensaciones de agobio, falta de independencia y de cierta libertad.

      • Antes las dificultades que puede suponer afrontar una etapa de este tipo y sus consecuencias, es importante solicitar a tiempo ayuda profesional especializada, ya que la infidelidad conllevará en la mayoría de ocasiones, dificultades profundas en la pareja, generando una ruptura en cuanto a confianza principalmente y en el proyecto común de vida, aspectos que serán de difícil reconducir sin la ayuda de una tercera parte objetiva.


      PARA MÁS INFORMACIÓN:
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