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martes, 18 de septiembre de 2012

¿Qué es el trastorno por estrés post-traumático (TEPT)?

Alba es una chica de 30 años y hace años sufrió una experiencia terrible. Rompió se relación de 5 años por ser maltratada psicológicamente por su pareja, y su ex no aceptó esa ruptura. Un día él le pidió que quedaran para hablar del tema. Ella aceptó con la intención de zanjar con la relación de una vez por todas. Al verse, él le pidió que subiera al coche y fueran a hablar a un sitio "más tranquilo". Llegaron a un descampado y de repente, en cuestión de segundos, Alba vio como su expareja la ataba con cuerdas y le quitaba la ropa. Al principio ella se resistió, pero al ver que era imposible escapar dejó que él hiciera lo que quisiera. Él abusó sexualmente de ella, y luego la dejó en una calle, lejos de su casa.

Alba no sabe cuanto tiempo estuvo en aquel coche, y ni siquiera recuerda qué ropa llevaba, pero sí le viene a la mente repetidamente la sensación de tener las manos y los pies atados, y el olor de él. Nunca ha explicado esta experiencia a nadie, "hizo como si no hubiera ocurrido", e intentó llevar una "vida normal".

Actualmente, Alba vive con un chico y empiezan a tener problemas de pareja porque ella rehúsa frecuentemente mantener relaciones sexuales, y no tolera que la abrace o "sentir su peso encima de las piernas mientras duermen". Si esto ocurre, Alba experimenta una intensa angustia. A raíz de estos problemas, Alba ha empezado a tener pesadillas relacionadas con agresiones sexuales.

Como Alba, a veces, nos toca vivir situaciones en las que nos sentimos física o psicológicamente amenazados o agredidos. Sufrir algún tipo de agresión física o emocional o incluso presenciar cómo la sufre otra persona, puede suponer una carga muy difícil de llevar más allá del momento en que se vive, incluso con el paso de los años.

Solemos pensar que el tiempo, por sí solo, disuelve y resuelve los problemas. En parte, es cierto, necesitamos tiempo para desplegar la capacidad para afrontar un trauma de forma adecuada, pero puede ocurrir que la experiencia es tan "arrolladora" que impida  esta capacidad del cerebro para procesar el trauma. Además, frecuentemente sucede que una persona, después de vivir una situación emocionalmente dura, fruto del temor, empiece a evitar todo aquello que le recuerde la situación (lugares, personas, conversaciones, incluso pensamientos e imágenes). Esta manera de actuar prolongará e intensificará el problema.

Tras una experiencia traumática, existen señales de alarma que nos pueden indicar que la persona sufre un Trastorno por Estrés Post-Traumático, y son las siguientes:
  • Síntomas de Reexperimentación: Cuando después de unos meses de la experiencia traumática, seguimos teniendo pensamientos intrusivos relacionados con el suceso, o pesadilla.
  • Síntomas de Evitación: Si nos encontramos haciendo un gran esfuerzo por evitar pensar en ello (evitar hablar del tema, desviar conversaciones o evitar acudir al lugar en el que sucedió la experiencia – o evitar lugares similares en los que ocurrió la experiencia).
  • Embotamiento Emocional: Si nos sentimos irritables, algo fríos o indiferentes en nuestra relación con el entorno (nos referimos al trabajo, la familia, los amigos, etc.).
  • Hiperactivación: Presencia de síntomas físicos de ansiedad ante cualquier estímulo relacionado con el trauma, e incluso en ausencia de algún desencadenante.
En cualquiera de estos casos, es necesario acudir al especialista; el tratamiento psicológico busca acabar con el temor a aquello que provocó el problema. Acabar con cualquier miedo implica enfrentarse a él. Enfrentarse a él supone contactar con aquello que se teme, con el fin de que el cuerpo, la mente y la emoción lleguen a habituarse a esa situación, hasta que deje de producir temor. Es decir, procesar la experiencia traumática. Ello no supone olvidar lo sucedido, sino ser capaz de aceptarlo y que no provoque ningún síntoma o emoción en la persona.

Podemos hacer algunas cosas para ayudarnos procesar experiencias duras:
  • Apoyarnos en el propio entorno.
  • Hablar del problema con las personas que nos rodean.
  • Practicar actividades relajantes.
  • Programar las tareas diarias incluyendo actividades que nos gusten.
  • Mantener hábitos que promuevan el descanso.
  • Cuidar y dejarse cuidar por las amistades.
  • Pedir ayuda cuando lo necesitemos.
Aún así, cuando existe un trastorno por estrés post-traumático, tras una experiencia traumática, el mejor tratamiento psicológico es el cognitivo-conductual, que dota a la persona de estrategias y le ayuda a rescatar sus propios recursos para que pueda enfrentarse a la situación de una forma programada, progresiva y controlada. A la vez, se trabajan y se eliminan las falsas creencias que se han creado entorno a la situación temida y que alimentan la sensación de miedo. Así mismo, es importante que este tratamiento incluya un proceso de EMDR, con el objetivo de procesar el recuerdo de lo sucedido, y poderlo integrar con los recursos cognitivos y emocionales con los que actualmente cuenta el paciente.

Ya en las primeras fases del tratamiento psicológico, se puede notar una mejoría, la persona empieza a recuperar su normalidad y a sentirse menos limitada y atemorizada.

Finalizado el tratamiento, la persona es capaz de pensar en aquello que le causó tanto daño desde la serenidad, entendiéndolo como un capítulo más de la historia de su vida, que le ha permitido sacar a la luz los propios recursos y aprender otros nuevos, que le ayudarán a afrontar otras situaciones.

Y tú, ¿alguna vez te has sentido así? ¿Has pasado por algún evento traumático que te haya costado superar? Explícanos tu experiencia.


Para más información: CENTRO ITAE 
T 902 100 006 


viernes, 11 de mayo de 2012

Ansiedad de separación infantil

Cristina ya se había duchado y vestido, y se disponía a preparar la mochila del cole de su hijo; después de vestirle y darle el desayuno, en su mente no podía parar de pensar en lo que se le venía encima: desde hacía ya varias semanas, dejar a su hijo en la escuela se había convertido en un verdadero drama. Su hijo, en ver el colegio y saber que debía separarse de su madre, empezaba a llorar desconsoladamente y a agarrarse a ella como si su vida dependiera de ello. Cristina se sentía mal por dejar al niño, pero racionalmente sabía que así tenia que ser...

Las despedidas con lloros son habituales en los primeros años de vida. La ansiedad de separación entraña un miedo frecuente en los niños de entre 1 y 6 años que se manifiesta a través de la presencia de una ansiedad excesiva relacionada con la anticipación de la separación del niño con las personas con quien tiene un vínculo afectivo. A medida que los niños van creciendo, van desarrollando su autonomía, y a su vez van teniendo una comprensión más exhaustiva del mundo que les rodea, por ello también aumenta la incertidumbre de separarse de sus padres.

La ansiedad de separación puede tener sus orígenes en diversas causas:
  • en no haber estado separado paulatinamente de los padres en diversos momentos de la vida del niño, bien por sobreprotección de los padres o bien porque el circulo familiar del niño sea muy cerrado.
  • En los casos en los que ha habido experiencias traumáticas de separación (por ejemplo, cuando ha habido la muerte muy próxima, una separación o un abandono).
  • Cuando los mismos padres fomentan que el niño nunca se separe de ellos por sus propios miedos y temores, y por tanto no dan demasiadas oportunidades al niño para separarse de ellos. 

Las emociones que pueden experimentar los padres en la ansiedad de separación de sus hijos son variadas;  por un lado, puede ser gratificante sentir que tu hijo está tan apegado a tí como tú a él, pero también es probable que te sientas culpable cuando le dejes en el colegio o te tengas que marchar por cualquier razón.  Así mismo puede ser que te llegues a agobiar por la cantidad de atención que tu hijo parece que pueda necesitar.
Ten presente que la resistencia de tu hijo a que te vayas es un señal bueno de que se ha producido un buen vínculo entre tú y él o ella. Con el tiempo, tu hijo logrará aprender o darse cuenta de que cuando te vas siempre acabas volviendo, y eso le transmitirá seguridad.
¿Cómo hacer que esta etapa sea más llevadera?
  • Es importante ir haciendo separaciones de tu hijo de forma gradual, para que se acostumbre a ellas y vea que no pasa nada. Si tienes pensado dejar a tu hijo con otra persona, pasa un ratito con el niño/a y esa persona antes de irte.
  • Transmite seguridad y confianza a tu hijo haciendo un ritual de despedida, que el niño sepa lo que va a ocurrir. Habla con tu hijo y explícale que te vas a ir pero que volverás en breve, a una hora que el pueda identificar, por ejemplo a la hora de cenar.
  • Es importante también cumplir lo prometido. Si le dices a tu hijo que volverás a la hora de cenar, es importante que cumplas con lo que has dicho. De esta forma, el niño desarrollará la confianza necesaria para afrontar adecuadamente este tiempo de separación.
  • Marcharse sin decir nada y en un momento en el que el niño parezca distraído puede provocarle todavía más inseguridad, por tanto siempre es mejor explicar que te vas a ir.

En la mayoría de niños, esta fase acaba pasando por si sola. En el caso de que la angustia de separación se mantenga en la etapa preescolar, o no veas cómo redirigirla, no dudes en contactar con nosotros.
Preguntas
  • ¿Tu hijo tiene o ha tenido ansiedad de separación?
  • ¿Tuviste ansieda de separación de pequeño/a? Cómo fue tu experiencia? 

Para más información: CENTRO ITAE 
T 902 100 006 
E info@centreitae.com
W http://www.centreitae.com/