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viernes, 11 de mayo de 2012

Ansiedad de separación infantil

Cristina ya se había duchado y vestido, y se disponía a preparar la mochila del cole de su hijo; después de vestirle y darle el desayuno, en su mente no podía parar de pensar en lo que se le venía encima: desde hacía ya varias semanas, dejar a su hijo en la escuela se había convertido en un verdadero drama. Su hijo, en ver el colegio y saber que debía separarse de su madre, empezaba a llorar desconsoladamente y a agarrarse a ella como si su vida dependiera de ello. Cristina se sentía mal por dejar al niño, pero racionalmente sabía que así tenia que ser...

Las despedidas con lloros son habituales en los primeros años de vida. La ansiedad de separación entraña un miedo frecuente en los niños de entre 1 y 6 años que se manifiesta a través de la presencia de una ansiedad excesiva relacionada con la anticipación de la separación del niño con las personas con quien tiene un vínculo afectivo. A medida que los niños van creciendo, van desarrollando su autonomía, y a su vez van teniendo una comprensión más exhaustiva del mundo que les rodea, por ello también aumenta la incertidumbre de separarse de sus padres.

La ansiedad de separación puede tener sus orígenes en diversas causas:
  • en no haber estado separado paulatinamente de los padres en diversos momentos de la vida del niño, bien por sobreprotección de los padres o bien porque el circulo familiar del niño sea muy cerrado.
  • En los casos en los que ha habido experiencias traumáticas de separación (por ejemplo, cuando ha habido la muerte muy próxima, una separación o un abandono).
  • Cuando los mismos padres fomentan que el niño nunca se separe de ellos por sus propios miedos y temores, y por tanto no dan demasiadas oportunidades al niño para separarse de ellos. 

Las emociones que pueden experimentar los padres en la ansiedad de separación de sus hijos son variadas;  por un lado, puede ser gratificante sentir que tu hijo está tan apegado a tí como tú a él, pero también es probable que te sientas culpable cuando le dejes en el colegio o te tengas que marchar por cualquier razón.  Así mismo puede ser que te llegues a agobiar por la cantidad de atención que tu hijo parece que pueda necesitar.
Ten presente que la resistencia de tu hijo a que te vayas es un señal bueno de que se ha producido un buen vínculo entre tú y él o ella. Con el tiempo, tu hijo logrará aprender o darse cuenta de que cuando te vas siempre acabas volviendo, y eso le transmitirá seguridad.
¿Cómo hacer que esta etapa sea más llevadera?
  • Es importante ir haciendo separaciones de tu hijo de forma gradual, para que se acostumbre a ellas y vea que no pasa nada. Si tienes pensado dejar a tu hijo con otra persona, pasa un ratito con el niño/a y esa persona antes de irte.
  • Transmite seguridad y confianza a tu hijo haciendo un ritual de despedida, que el niño sepa lo que va a ocurrir. Habla con tu hijo y explícale que te vas a ir pero que volverás en breve, a una hora que el pueda identificar, por ejemplo a la hora de cenar.
  • Es importante también cumplir lo prometido. Si le dices a tu hijo que volverás a la hora de cenar, es importante que cumplas con lo que has dicho. De esta forma, el niño desarrollará la confianza necesaria para afrontar adecuadamente este tiempo de separación.
  • Marcharse sin decir nada y en un momento en el que el niño parezca distraído puede provocarle todavía más inseguridad, por tanto siempre es mejor explicar que te vas a ir.

En la mayoría de niños, esta fase acaba pasando por si sola. En el caso de que la angustia de separación se mantenga en la etapa preescolar, o no veas cómo redirigirla, no dudes en contactar con nosotros.
Preguntas
  • ¿Tu hijo tiene o ha tenido ansiedad de separación?
  • ¿Tuviste ansieda de separación de pequeño/a? Cómo fue tu experiencia? 

Para más información: CENTRO ITAE 
T 902 100 006 
E info@centreitae.com
W http://www.centreitae.com/

jueves, 6 de mayo de 2010

LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS


La llegada de un hijo a la vida de una persona supone algo extraordinario, especial, emocionante, lleno de momentos inolvidables…lo que cuesta reconocer es que también es el inicio de una nueva vida. Sí, una nueva vida. De repente, la vida de los nuevos papás sufre un vuelco y el centro de su universo pasa a ser todo lo relacionado con su hijo: alimentación, sueño, llanto,…y con el paso de los años llegan nuevas preocupaciones: escolarización, amistades, normas, límites…en definitiva su educación.

Quizás no lo parezca, pero la educación de un hijo es algo que se fomenta a diario, en cada idea, palabra o acción que se le transmite al niño. Por ello, es importante tener en cuenta las siguientes pautas:

1. LOS PADRES COMO MODELOS: A menudo, algún padre exige a su hijo que no grite, que no pegue a otro niño, que coma verdura, que se lave las manos antes de comer, etc…pero no se debe olvidar que la mayoría de los niños ven a sus padres como modelos a seguir. Por tanto, un padre o una madre no puede exigir una conducta al niño y luego realizar justo la contraria. Los papás deben comer verdura, deben lavarse las manos antes de comer, no deben gritar, etc.

2. SINCERIDAD ANTE TODO: muchas veces, los niños hacen preguntas incómodas sobre diferentes temas (sexualidad, muerte, etc.). ¿Qué les explicamos? ¿Cómo? Sin duda, lo mejor siempre es decir la verdad, adaptada a la edad de cada niño, pero la verdad. El niño es un miembro más de la familia y haciéndolo partícipe de todo lo que ocurre en el seno familiar, también conseguimos que se sienta integrado.

3. COMUNICACIÓN: es de vital importancia que exista una sana comunicación entre padres e hijos, ya que ello influirá muy positivamente en la expresión emocional y la autoestima de los niños cuando sean adultos. Cuando son niños, se les pueden enseñar diferentes habilidades relacionadas con la comunicación: identificación de sentimientos, expresión de emociones, cómo pedir disculpas, aceptar un cumplido, aceptar una crítica, saber escuchar, esperar su turno para hablar, etc. Todas estas habilidades se le pueden enseñar al niño a lo largo del día en diferentes momentos. Un ejemplo sería crear “Citas para hablar” (antes de irse a la cama o durante la cena son buenos momentos para citarse), siendo los papás los que pueden empezar explicándoles cómo les ha ido el día en el trabajo, para iniciar la conversación. Es de vital importancia no olvidar la Comunicación no verbal en este proceso (no podemos hablar a nuestro hijo o hija, mientras miramos un programa en la TV, por ejemplo).

4. ESTABLECER UNA RUTINA DIARIA: es importante mantener una rutina en la actividad cotidiana de cada día. De esta manera, nuestro hijo está prevenido, sabe qué ocurre en su día a día. Esa estabilidad en sus actividades y en su vida le procura una estabilidad emocional, que se transforma en un mejor nivel de autoestima.

5. ENSEÑARLE A ACEPTAR UN “NO”: los padres pueden enseñar a su hijo a tolerar la frustración, a fomentar la paciencia, enseñándole a aceptar un “no” por respuesta, ante ciertas peticiones.

6. NO SOBREPROTEGER: “sobreproteger” es diferente de proteger, cuidar, mimar, etc. Lo primero implica habitualmente consecuencias negativas. Una ocasión idónea para no sobreproteger a nuestro hijo es, en vez de no permitir al niño/a realizar alguna actividad por temor a las posibles consecuencias negativas, dejar que lo compruebe por si mismo/a. De esta manera, damos la oportunidad a nuestros hijos de aprender mediante la experiencia.

7. REFORZAR E IGNORAR: cuando los padres deseen fomentar o instaurar un nuevo comportamiento en su hijo, el mejor método es reforzar aquella conducta cuando tenga lugar (regalar un caramelo, darle un abrazo, decirle lo orgullosos que están de él, premiarle con una excursión en bicicleta, etc.). Así mismo, cuando existe una conducta negativa que se quiere reducir o eliminar, la mejor técnica es ignorar aquel comportamiento. Al ignorarlo, el niño no obtiene nuestra atención y muy probablemente esa conducta desaparezca al cabo de un tiempo. A pesar de ello, hay conductas en nuestros hijos que son difíciles de “pasar por alto” (por ejemplo, pegarle a alguien). En estos casos es mejor aplicar la técnica denominada “Rincón de pensar o Silla de pensar”, en la que el niño permanecerá tantos minutos como años tenga en un rincón de la casa, aislado, con el objetivo de reflexionar sobre lo ocurrido y posteriormente pedir disculpas. En definitiva, el objetivo primordial es que nuestros hijos aprendan que sus actos siempre tienen y tendrán consecuencias.

Estas pautas son de gran utilidad en la difícil tarea de educar a nuestros hijos, pero existen casos más difíciles, en los que los padres necesiten una ayuda extra. En estos casos, EL MEJOR TRATAMIENTO es consultar con un profesional de la psicología que pueda pautar el comportamiento de padres e hijos, así como explorar si existe algún problema a nivel emocional, que esté impidiendo una correcta evolución en el crecimiento de nuestros hijos y en nuestra tarea de educarlos.


Para más información:
CENTRO ITAE
T 902 100 006