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jueves, 1 de julio de 2010

NADIE ES PERFECTO

Cristina es una chica de 25 años que acaba de licenciarse en Derecho. Siempre ha sido una hija y una estudiante ejemplar. Nunca ha dado problemas a sus padres y estos la han felicitado continuamente por ello. Los padres siempre han alentado a su hija a conseguir excelentes resultados en todos sus proyectos, los notables estaban bien, pero siempre debía esforzarse “un poco más” para conseguir el sobresaliente.

Un día, por fin, Cristina consigue un puesto en un importante despacho de abogados y se propuso demostrar su profesionalidad. Quizás sin ser consciente de ello, guiada por su autoexigencia y perfeccionismo, cada día de trabajo se convertía en un reto donde debía realizar todo el trabajo de manera excelente: retocaba una y otra vez los informes porque nunca estaban “del todo bien”, salía la última del despacho, y no solía acabar todo el trabajo por el tiempo que perdía buscando la perfección en cada tarea.

Como consecuencia a esta situación, Cristina comenzó a padecer insomnio, se levantaba con náuseas cada mañana, y en el trayecto al trabajo acudían a su mente pensamientos sobre su baja capacidad como abogada, sentimientos de inseguridad, y un terrible miedo al fracaso.


Éste es un ejemplo de cómo el perfeccionismo puede acabar generando estrés y ansiedad, sentimientos de frustración y bajo estado de ánimo.

Muchas personas intentan hacer lo mejor posible todo lo que llevan a cabo, desde actividades de ocio hasta las tareas relacionadas con el hogar, los hijos, el trabajo, los estudios, etc. Esto es positivo, ya que esta motivación supone un desarrollo y una evolución en la persona. El problema radica en cuando dicha motivación por hacer las cosas muy bien se convierte en la obsesión de hacer las cosas perfectas, de ser perfectos.

El perfeccionismo es un rasgo de personalidad que aparece gracias a la interacción de tres aspectos: un gran deseo de mejora, un afán por alcanzar metas excesivamente elevadas, y por una importante preocupación por lo que los demás piensen de uno mismo. La persona perfeccionista suele ser muy crítica consigo misma y nunca se siente satisfecha del todo. Se concentra en todos los aspectos en los que falla, pero no en aquello que logra. Así mismo, tiende a experimentar toda tarea como una prueba que reflejará su competencia y valía ante sí mismo o los demás, por tanto, no es sorprendente que, en ocasiones, tenga una baja autoestima; la más pequeña crítica negativa será una evidencia de “lo poco que vale” y de lo lejos que está de alcanzar la perfección.

El perfeccionismo está presente en la mayoría de personas que padecen síntomas de ansiedad y estrés, actuando como factor de predisposición para estos problemas. La persona perfeccionista realiza cada tarea personalmente, le es difícil delegar, y nunca consideran que aquello que han hecho está suficientemente bien, siempre le falta algún detalle.

Este alto nivel de autoexigencia supone una presión constante en la vida. Ello, junto a otros factores de personalidad (hiper-responsabilidad, necesidad de control, baja autoestima, etc.) y eventos vitales (cambios de rutina, trabajo, discusiones, etc.), se convierte en un excelente caldo de cultivo para desarrollar ansiedad, estrés o estados de ánimos deprimidos.

Por ello, es importante conocer los rasgos más comunes relacionados con el “perfeccionismo”:

- Necesidad de Control: El perfeccionismo es un intento de conseguir el control de la vida diaria, que surge de la errónea convicción de que teniéndolo todo controlado, evitarán ser vulnerables a los cambios, a la inseguridad personal y al cuestionamiento de su conducta.

Dicha necesidad de control se plasma mediante conductas de organización y orden, meticulosidad, atención en los detalles, y una vida rutinaria sin lugar para el azar.

¿QUÉ SE PUEDE HACER?: exponerse repetidamente y de forma controlada a situaciones “imperfectas” que producen ansiedad, frustración o incomodidad, hasta que éstas dejen de ser un problema para el individuo, y saber establecer prioridades.


- Evitación: Los individuos perfeccionistas elevan tanto sus objetivos que involuntariamente los convierten en inalcanzables. Ello provoca que la persona se angustie y paralice también la consecución de objetivos más modestos.

La evitación puede llevarse a cabo mediante diferentes vías: postergar tareas, abandono prematuro de tareas, pensamientos inhibidores, incapacidad de abandonar una tarea, y lentitud en la revisión de cada detalle.

¿QUÉ SE PUEDE HACER?: combatir el aplazamiento de tareas dividiéndolas en sub-tareas más manejables, bajar el listón de las tareas que se desean conseguir, o establecer un tiempo límite para cada actividad, pasado el cual deberán abandonar la tarea.


- Preocupación e Indecisión: Algo de ansiedad y preocupación es fundamental para llevar a cabo las actividades. El problema radica en cuando esta ansiedad y preocupación es excesiva.

Algunos perfeccionistas tienen problemas de indecisión. El temor a perder lo que se quiere o simplemente la necesidad de no cambiar las cosas les impide decidirse. La indecisión y la duda suelen conducir a la infelicidad.

¿QUÉ SE PUEDE HACER?: “mover ficha” y empezar a tomar pequeñas decisiones del día a día, o usar la detención del pensamiento y cuando no se pueda dejar de dar vueltas a un pensamiento dar un golpe fuerte en la mesa y decir en voz alta “basta ya”.

En ocasiones, puede resultar muy difícil cambiar un estilo perfeccionista y el malestar generado supera el nivel “normal” de estrés, llegando a convertirse en síntomas de ansiedad o bajo estado anímico. En estos casos, lo más recomendable es recibir ayuda de un profesional especializado que pueda reconducir nuestros pensamientos, emociones y conductas, para aprender a interpretar la realidad de manera más adaptativa y conseguir así bienestar emocional.


Para más información:
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martes, 1 de junio de 2010

CELOS


Ramón ha pensado en ir a buscar a Eva al trabajo por sorpresa. A medida que se acerca a la puerta de su trabajo le parece ver a una chica que se parece a ella, hablando con un chico. Parece cercana, distendida, relajada… A Ramón se le encoge el estómago, siente un nudo en el pecho y el corazón se acelera cuando se da cuenta de que es Eva. Apresura el paso mientras va pensando “¿Con quién está hablando? Se la ve contenta y próxima…”. Cuando Eva ve a Ramón, se acerca hacia él para darle un beso con la misma naturalidad que todos los días y con la ilusión de que la haya sorprendido yéndola a buscar al trabajo. Le presenta a su compañero, con el que entablan una pequeña y agradable conversación. Ramón se siente aliviado, el nudo se deshace, el latido del corazón vuelve a ser el normal y está contento porque ha conseguido el efecto que buscaba en Eva: ilusionarla.


¿Qué son los celos y dónde nacen?

Los celos son una reacción emocional que puede considerarse natural, si los entendemos como primera reacción física, cognitiva y en el comportamiento, ante el temor a perder a alguien a quién queremos.

Son distintos los factores que intervienen en esta emoción. Se debe considerar la importancia de la educación recibida. La adquisición de valores rígidos, de baja tolerancia hacia los derechos y comportamientos de los demás y de desconfianza facilitan la aparición de los celos. Haber crecido en un ambiente en el que el sentimiento de los celos y el comportamiento entorno a ellos estaba francamente presente, puede actuar como modelo de conducta.

Por otro lado, las experiencias que cada persona vive entorno a la relación de confianza con los demás influyen también en el desarrollo de ideas celosas. Una persona que ha sentido que otra de su confianza la traicionaba en el pasado posiblemente sea más vulnerable a sentir esta emoción.

Existen además, ciertos rasgos en la forma de ser de algunas personas que predisponen a la vivencia de los celos. La baja autoestima y la falta de confianza en uno mismo se relacionan a menudo con un pensamiento frecuentemente celoso.


Tipos de celos

Fundamentalmente convivimos con dos tipos de celos: los llamados infantiles y los celos amorosos.

Los celos infantiles son los que desarrolla el niño hacia otras personas que captan la atención de los padres viviendo este cambio en el foco de atención de los padres como una retirada de la atención hacia el mismo y, a su vez, un desplazamiento del amor que se siente hacia él. La inmadurez propia del desarrollo cognitivo en etapas iniciales le lleva a considerar que todo lo que le rodea y que hasta el momento formaba parte de él es suyo. En estos casos un manejo inadecuado de los padres puede derivar en problemas en la seguridad personal del niño y confrontaciones entre hermanos en el presente que pueden mantenerse durante la edad adulta.

Los celos amorosos se producen comúnmente cuando la persona que cela siente que es el poseedor del otro miembro de la pareja. Tal creencia le lleva a sentirse amenazado ante situaciones en las que considera que alguien intenta quitarle algo que cree que le pertenece: la atención y el amor del otro. En ocasiones, si no se delimita claramente el punto en el que dicha sensación se convierte en algo nocivo para la persona y la pareja pueden desarrollarse comportamientos que alteren negativamente la vida de ambos.


Celos positivos y celos negativos

La emoción de los celos puede ser positiva si se valora como estímulo de comportamientos competitivos que son útiles para cubrir algunas necesidades en una sociedad que además de cooperativa es competitiva, llevando a la persona hacia un mayor sentimiento de realización personal.

También pueden ser vividos como algo positivo en la pareja si consideramos que un mínimo temor a perder lo que amamos nos lleva a cuidarlo.

No obstante, cuando la persona que cela empieza a sentirse incómoda y angustiada, el pensamiento celoso permanece de manera constante, limitando la propia actuación y la del otro (ejerciendo actos de control) y alterando el sano desarrollo de la actividad cotidiana, los celos empiezan a dejar de ser adaptativos y pasan a constituir una fuente de intenso sufrimiento para la persona que los sufre y para su entorno.

Por otro lado, cuando la vivencia de los celos evoluciona hacia una convicción irrefutable, que no responde a evidencias ni razonamiento, nos encontramos ante una alteración psíquica que requiere ser evaluada por psiquiatría y psicología.


Qué hacer para evitar la vivencia de los celos negativos. Tratamiento de los celos.

La educación de la persona y sus valores son uno de los elementos básicos en la prevención de los celos negativos o nocivos. Un desarrollo personal basado en la tolerancia y el respeto hacia los derechos del otro configuran la base de una vivencia sana de los celos.

Para prevenir los celos infantiles es necesario que los padres eviten enviar a los hijos el mensaje de que son los únicos seres amados y, por el contrario, transmitir la idea de que el gran amor que se siente hacia ellos no es incompatible con el sentimiento de amor hacia las demás personas. Se transmite así, el amor basado en la inclusión y el respeto.

Entre los miembros de una pareja es recomendable que exista una delimitación al inicio de la relación acerca de lo que cada uno es capaz de tolerar en este sentido mantener una comunicación clara durante la relación, en cuanto a lo que ambos sienten, piensan, esperan y también acerca de su comportamiento con la pareja y las otras personas.

Cuando los celos se presentan de una manera tan intensa que interfieren en la cotidianidad de los miembros de la pareja se requiere el tratamiento mediante psicoterapia de pareja. Cuando existan ideas excesivamente resistentes en alguno de los miembros de la pareja que requieran una atención especial, se deberá seguir también tratamiento individual.

En el caso mencionado en el que el sentimiento de los celos no responde al razonamiento y las evidencias es necesario el tratamiento farmacológico.


Conclusión

Los celos son una de las emociones que experimentamos las personas ante el temor a perder algo o alguien que amamos. Bien resueltos pueden representar un estímulo para mejorar el comportamiento que dirigimos hacia las metas que nos proponemos conseguir, en el ámbito personal, amoroso, académico o laboral y social.

Algunos valores personales, experiencias vividas o formas de razonar facilitan la aparición de los celos que vivimos negativamente porque lejos de estimular nuestra evolución personal, la obstaculizan. No obstante, disponemos de tratamientos psicológicos que promueven cambios en estos componentes de una forma eficaz favoreciendo la vivencia sana y positiva de los celos.


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jueves, 6 de mayo de 2010

LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS


La llegada de un hijo a la vida de una persona supone algo extraordinario, especial, emocionante, lleno de momentos inolvidables…lo que cuesta reconocer es que también es el inicio de una nueva vida. Sí, una nueva vida. De repente, la vida de los nuevos papás sufre un vuelco y el centro de su universo pasa a ser todo lo relacionado con su hijo: alimentación, sueño, llanto,…y con el paso de los años llegan nuevas preocupaciones: escolarización, amistades, normas, límites…en definitiva su educación.

Quizás no lo parezca, pero la educación de un hijo es algo que se fomenta a diario, en cada idea, palabra o acción que se le transmite al niño. Por ello, es importante tener en cuenta las siguientes pautas:

1. LOS PADRES COMO MODELOS: A menudo, algún padre exige a su hijo que no grite, que no pegue a otro niño, que coma verdura, que se lave las manos antes de comer, etc…pero no se debe olvidar que la mayoría de los niños ven a sus padres como modelos a seguir. Por tanto, un padre o una madre no puede exigir una conducta al niño y luego realizar justo la contraria. Los papás deben comer verdura, deben lavarse las manos antes de comer, no deben gritar, etc.

2. SINCERIDAD ANTE TODO: muchas veces, los niños hacen preguntas incómodas sobre diferentes temas (sexualidad, muerte, etc.). ¿Qué les explicamos? ¿Cómo? Sin duda, lo mejor siempre es decir la verdad, adaptada a la edad de cada niño, pero la verdad. El niño es un miembro más de la familia y haciéndolo partícipe de todo lo que ocurre en el seno familiar, también conseguimos que se sienta integrado.

3. COMUNICACIÓN: es de vital importancia que exista una sana comunicación entre padres e hijos, ya que ello influirá muy positivamente en la expresión emocional y la autoestima de los niños cuando sean adultos. Cuando son niños, se les pueden enseñar diferentes habilidades relacionadas con la comunicación: identificación de sentimientos, expresión de emociones, cómo pedir disculpas, aceptar un cumplido, aceptar una crítica, saber escuchar, esperar su turno para hablar, etc. Todas estas habilidades se le pueden enseñar al niño a lo largo del día en diferentes momentos. Un ejemplo sería crear “Citas para hablar” (antes de irse a la cama o durante la cena son buenos momentos para citarse), siendo los papás los que pueden empezar explicándoles cómo les ha ido el día en el trabajo, para iniciar la conversación. Es de vital importancia no olvidar la Comunicación no verbal en este proceso (no podemos hablar a nuestro hijo o hija, mientras miramos un programa en la TV, por ejemplo).

4. ESTABLECER UNA RUTINA DIARIA: es importante mantener una rutina en la actividad cotidiana de cada día. De esta manera, nuestro hijo está prevenido, sabe qué ocurre en su día a día. Esa estabilidad en sus actividades y en su vida le procura una estabilidad emocional, que se transforma en un mejor nivel de autoestima.

5. ENSEÑARLE A ACEPTAR UN “NO”: los padres pueden enseñar a su hijo a tolerar la frustración, a fomentar la paciencia, enseñándole a aceptar un “no” por respuesta, ante ciertas peticiones.

6. NO SOBREPROTEGER: “sobreproteger” es diferente de proteger, cuidar, mimar, etc. Lo primero implica habitualmente consecuencias negativas. Una ocasión idónea para no sobreproteger a nuestro hijo es, en vez de no permitir al niño/a realizar alguna actividad por temor a las posibles consecuencias negativas, dejar que lo compruebe por si mismo/a. De esta manera, damos la oportunidad a nuestros hijos de aprender mediante la experiencia.

7. REFORZAR E IGNORAR: cuando los padres deseen fomentar o instaurar un nuevo comportamiento en su hijo, el mejor método es reforzar aquella conducta cuando tenga lugar (regalar un caramelo, darle un abrazo, decirle lo orgullosos que están de él, premiarle con una excursión en bicicleta, etc.). Así mismo, cuando existe una conducta negativa que se quiere reducir o eliminar, la mejor técnica es ignorar aquel comportamiento. Al ignorarlo, el niño no obtiene nuestra atención y muy probablemente esa conducta desaparezca al cabo de un tiempo. A pesar de ello, hay conductas en nuestros hijos que son difíciles de “pasar por alto” (por ejemplo, pegarle a alguien). En estos casos es mejor aplicar la técnica denominada “Rincón de pensar o Silla de pensar”, en la que el niño permanecerá tantos minutos como años tenga en un rincón de la casa, aislado, con el objetivo de reflexionar sobre lo ocurrido y posteriormente pedir disculpas. En definitiva, el objetivo primordial es que nuestros hijos aprendan que sus actos siempre tienen y tendrán consecuencias.

Estas pautas son de gran utilidad en la difícil tarea de educar a nuestros hijos, pero existen casos más difíciles, en los que los padres necesiten una ayuda extra. En estos casos, EL MEJOR TRATAMIENTO es consultar con un profesional de la psicología que pueda pautar el comportamiento de padres e hijos, así como explorar si existe algún problema a nivel emocional, que esté impidiendo una correcta evolución en el crecimiento de nuestros hijos y en nuestra tarea de educarlos.


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lunes, 8 de marzo de 2010

NUEVAS ETAPAS VITALES: PROPÓSITOS REALISTAS.


La sociedad del S.XXI tiene sumergido al individuo en una larga lista de actividades y demandas que en la mayoría de ocasiones se convierten en rutinas. Dichas demandas son incorporadas de forma “natural” a la vida cotidiana, con la falsa creencia de que la consecución exitosa de las mismas, le aportará la felicidad y las claves del éxito. No obstante, en muchas ocasiones no es así.


¿Hasta dónde somos capaces de exigirnos a nosotros mismos y para qué? Dichas exigencias, ¿realmente nos aportan la felicidad?

Si la respuesta es sí, probablemente hayamos encontrado un equilibrio óptimo entre las demandas externas y nuestra manera de ser y de actuar.
Si la respuesta es no, puede que este proceso no se haya realizado con éxito. Es interesante pues, ver qué falla.


Puesto que la actividad diaria irá dirigida al cumplimiento de nuestras expectativas y metas, es importante revisarlas y preguntarnos: ¿Son realistas? ¿Son coherentes con nuestras prioridades y deseos?

Un buen comienzo sería:

1. Proponerse metas y expectativas alcanzables, es decir, que sean realistas y acordes con nuestras capacidades.
2. Es importante que sean metas personales, sinceras y coherentes con nuestros valores, prioridades y deseos.
3. Establecer tareas o actividades pertinentes para conseguir dichas metas y objetivos.
4. Organizar dichas tareas en un orden lógico, o de menor a mayor grado de dificultad, con el fin de conseguir lo que queremos de una forma adecuada.
5. Ponerlas en marcha y evaluar si se han conseguido de forma exitosa o no.

La mayoría de las veces elaboramos expectativas demasiado ambiciosas y poco alcanzables, lo que produce una frustración en el individuo que puede afectar a su autoestima y el concepto que tiene uno de si mismo, generando a la vez altos niveles de ansiedad, estrés, y depresión. Es importante saber distinguir a tiempo, una serie de signos de alerta como respuesta al estrés y que pueden derivar en problemas psicológicos.


Los primeros signos de alerta

Los problemas de ansiedad y depresión derivados de un estrés sostenido, fruto de las exigencias de la vida laboral, familiar, social, etc. cada vez son más frecuentes. Es importante poder distinguir cuándo algo va mal en nosotros. Una buena salud mental es imprescindible a la hora de poder satisfacer las demandas del entorno. Si detectas alguno de los siguientes síntomas, es el momento de replantearte las expectativas e instaurar cambios en tus rutinas:

• Falta de ilusión por las cosas.
• Tristeza.
• Pérdida o aumento significativo del peso y apetito.
• Falta de concentración y pérdida de memoria.
• Insomnio o aumento del sueño.
• Dificultad para respirar.
• Mareos, tensión, inquietud y palpitaciones.
• Problemas para relajarse.
• Temores sin causa aparente.
• Miedo a salir de casa.


Estresores Personales y Ambientales

Los estresores personales y ambientales más frecuentes, que pueden desencadenar dichas sintomatologías son:

• Autoexigencia personal y social. Un buen ejercicio a realizar es el de analizar y ser conscientes de nuestros puntos fuertes y débiles, para ser capaces de exigirnos objetivos realistas. Es aplicable a distintos ámbitos: personales, laborales, de pareja, etc....Muchas veces, no vemos cuáles son nuestras limitaciones, lo cual nos conduce a una frustración personal y que afecta a los que están a nuestro alrededor. Todo ello puede repercutir negativamente en nuestra autoestima y autovaloración personal.

• Falta de tiempo dedicado a uno mismo. Todos necesitamos un espacio personal que tendemos a sacrificar con demasiada frecuencia, en beneficio de las demandas sociales, laborales, familiares, etc. Dicho tiempo es fundamental a la hora de satisfacer nuestras motivaciones y conseguir nuestro bienestar físico y mental. Por lo tanto, en la medida de lo posible, no renuncies a este espacio privado e intransferible para mantener un buen equilibrio mental que a su vez, promoverá un mejor desarrollo del resto de obligaciones y rutinas.

• La conciliación de la vida laboral con la vida familiar. El hecho de querer abarcarlo todo genera un elevado nivel de estrés. Todo ello se agudiza si existen hijos en la familia o personas mayores a cargo. Nos exigimos hacerlo todo y bien, sin tener en cuenta qué nos dejamos por el camino. Es importante realizar una planificación objetiva del tiempo, renunciando a exigencias poco trascendentales e incluyendo actividades gratificantes (como salir con tu pareja o amigos, ir con tus hijos al parque). Saber delegar en otros y saber decir “no” son dos elementos clave que pueden resultar de gran ayuda para poder compaginar trabajo y familia sin dejarnos la salud en el intento.

• Los problemas económicos están a la orden del día. Independientemente de la situación de crisis mundial que va más allá de la economía doméstica, vamos a revisar brevemente cómo sanear nuestra economía. La importancia de la planificación una vez más es fundamental para llegar a fin de mes. Qué puedo gastar y qué no. Cuáles son los gastos fijos al mes y qué cantidad de dinero me puedo permitir destinar a mis caprichos, tales como viajes de ocio, compras, etc. Llevar un control de los gastos al principio y al final de cada mes. De nada sirve tener expectativas poco realistas acerca de nuestras posibilidades económicas, si el hecho de sobrepasarnos nos genera estrés, ansiedad y quebraderos de cabeza.


Autovaloración. Momento de reflexión y cambio.

Siempre encontramos un momento en el que nos sinceramos con nosotros mismos y en el que nos preguntamos: “¿qué quiero realmente?”, “¿lo que tengo me hace feliz?”.

Muchas veces, medimos los parámetros de la felicidad basándonos en estereotipos sociales. En aquellas cosas con las que supuestamente e inevitablemente tendrás que ser feliz: dinero, poder, un cuerpo diez,... No obstante, el ser humano es distinto por naturaleza y cada cuál tiene unas necesidades y unas motivaciones acordes con sus capacidades, su forma de ser, de pensar y de sus experiencias. Se trata de personalizar dichas necesidades y no conformarnos sólo con lo que socialmente está reconocido como bueno.

Este momento de reflexión puede ser un punto de partida para generar cambios significativos que nos aportarán mayor calidad de vida. ¿Por qué no empezar a mejorar AHORA?

Para más información:
Centro ITAE. Centro especializado en ansiedad y estrés
Tel. 93 206 51 51 - 652 762 023
www.centreitae.com- info@centreitae.com

jueves, 3 de septiembre de 2009

REINCORPÓRATE CON ÉXITO

Desarrolla tu Inteligencia Emocional en el Trabajo.

Frecuentemente, las emociones negativas que sufrimos ante el trabajo (ansiedad, estrés, desmotivación...) son el resultado de nuestra interpretación de la realidad. Nuestros hábitos de pensamiento condicionan nuestras emociones y nuestra manera de actuar. Y, en función de cómo actuemos, recibiremos una respuesta u otra por parte de las personas que nos rodean. Estamos, por tanto, ante un círculo vicioso.

El estrés es una respuesta física y psicológica de nuestro organismo al intentar responder a las elevadas demandas del medio que nos rodea. Si se da de modo puntual, el estrés puede ayudarnos a responder con mayor eficacia (Estrés positivo) pero si la respuesta de estrés es muy intensa y la situación que lo genera no se gestiona adecuadamente y se convierte en crónica (Estrés Negativo) pueden aparecer Trastornos de ansiedad, depresión, irritabilidad, enfermedades orgánicas, conflictos en nuestras relaciones, entre otros problemas.

La ayuda profesional, de un psicólogo experto en gestión del estrés, puede ser muy útil y necesaria. Si tienes la sensación de que tu trabajo te sobrepasa, si te sientes “desgastado” y desmotivado:

- Aprende a mejorar la comunicación con tus compañeros y superiores. Siempre puedes defender tus derechos si lo haces con respeto, empatía e “inteligencia emocional”.

- Aprende a planificar bien tu agenda y a establecer prioridades. No todo es urgente e importante.

- Respeta tus límites, y aprende a “decir No” sin sentirte mal. Será una manera de protegerte en un futuro.

- Dedica más tiempo a la semana para tu descanso y ocio. Si es necesario, rellena un horario semanal con tus obligaciones y espacios de ocio y descanso.

- Aprende a relajarte. Si detectas que las técnicas que has utilizado no funcionan acude a un centro especializado de gestión de la ansiedad y el estrés.

- Introduce en tu cotidianidad hábitos saludables (dieta y actividad física adecuada).

- Interpreta las nuevas demandas laborales como retos y no como amenazas.

- No infravalores tus capacidades y recursos. Sé objetivo. Puede ayudarte el preguntar a tus amigos y compañeros de trabajo qué opinan de tus habilidades y puntos de mejora.

El 22% de las bajas laborales se deben a ansiedad, estrés o depresión, muchas veces a raíz de conflictos laborales.

No es facil dar el paso de pedir ayuda a un profesional especializado, hacerlo es un acto de reconocimiento y valentía. Si consideras que requieres de ayuda, solicitala acudiendo a un profesional especializado y cualificado.

Para más información:
CENTRO ITAE - Centro Integral para el tratamiento de la Ansiedad y el Estrés
T 902 100 006
E info@centreitae.com
W www.centreitae.com