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lunes, 20 de febrero de 2012

EL TRASTORNO POR DEFICIT DE ATENCIÓN CON HIPERACTIVIDAD

Marc es un niño muy alegre y de ojos brillantes aunque un poco más bajito que el resto de sus compañeros. No es un niño contestón ni maleducado pero sus padres no consiguen que les haga caso.

Cuando era más pequeño ya tuvo problemas con sus compañeros y las profesoras se quejaron en varias ocasiones de que no seguía las normas de los juegos. Al principio los padres pensaron que sería alguna fase por la que pasaba y que quizás cambiaría pero las cosas no han mejorado en los últimos años y empeora por momentos.

A medida que en la escuela le exigen más, Marc parece rendir menos. Los padres no se lo explican porque parece un chico muy listo. En ocasiones se puede hablar con él al respecto y promete mejorar pero, como el mismo admite, no consigue controlarse.

En la escuela los problemas aumentan. Ya no se trata de que traiga los deberes sin acabar y muy sucios sino que comienza a ser un problema tenerlo en la clase sentado. Aunque lo han sentado en la primera fila, se gira continuamente para hablar con su compañero de detrás, el cual ya no le hace ningún caso. En la escuela opinan que “se porta mal”.

Marc tiene lo que se llama Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), un problema relativamente frecuente que comienza en la infancia. Los síntomas clave de este trastorno son el déficit de atención, la hiperactividad y la impulsividad y varían en intensidad de un caso a otro. A su vez, puede darse que algunos niños con TDAH sean más bien inatentos, mientras que otros tengan un carácter más impulsivo. Ambos tienen TDAH pero pertenecen a dos subgrupos diferentes.

Los niños, en general, están llenos de energía y muy a menudo prefieren dedicarse a jugar antes que hacer lo que se les pide. Además, algunos niños pueden ser más olvidadizos que otros o ser más “soñadores” pasando parte del tiempo imaginando y, por tanto, ignorando sin querer lo que se le dice en un momento puntual. Esto no significa que tengan TDAH.

SEÑALES DE ALERTA
La mayoría de veces los padres ya notan que sucede algo son sus hijos, los cuales son desobedientes, muy movidos y se meten constantemente en sitios no permitidos. Una vez en la escuela llegan las primeras señales de alerta serias. La escuela no solo es un sitio de aprendizaje sino también de socialización. Ya desde edades muy tempranas, el niño que es incapaz de seguir las normas o de hacerlo de manera continuada suele llamar la atención de los maestros y estos lo comunican a sus padres.

Algunos ejemplos de conductas que pueden ser indicativas de TDAH se presentan a continuación. Ninguna de ellas, por si sola, implica TDAH y deben considerarse como una señal relevante cuando se dan en conjunto:
  • Se le han de repetir las cosas muchas veces para que las haga y, aun así, muchas veces las deja incompletasLe cuesta mucho adquirir hábitos básicos de higiene (cepillado de dientes, lavado de manos).
  • Suele dejar las tareas sin finalizar o las finaliza de forma descuidada y rápida
  • Cuando juega con otros niños tiene dificultades para seguir las normas provocando el enfado de estos.
  • Mientras le habla, aunque por momentos le mira, a menudo juega con algún objeto llegando a hacer cosas llamativas como romper una goma de borrar llenado toda la mesa de trocitos.
  •  En clase se levanta de la silla o se balancea mucho.
  • Lo sorprende muchas veces dando vueltas en la silla de su escritorio cuando se supone que estaba estudiando.
  • Estas trasgresiones no las realiza con ningún fin (ni porque esté disgustado, ni porque quiera conseguir algo) e incluso puede verse avergonzado en alguna situación.

¿QUE SE HACE CUANDO SE SOSPECHA QUE UN NIÑO TIENE TDAH?
Cuando un niño tiene problemas de manera continuada con sus iguales y en los estudios es oportuno llevarlo a un especialista para que se realice una exploración. En dicha evaluación se recabará información tanto de los padres como del niño y del colegio.

¿COMO SE TRATA EL TDAH?
Si bien se desconoce el origen exacto de este problema, los expertos están de acuerdo en que hay cierta base biológica. Esto no significa que no se pueda resolver. El tratamiento más eficaz es el abordaje multidisciplinar, en el que especialistas de distinta formación especializados en TDAH trabajan conjuntamente. Los tratamientos actuales sitúan el peso específico de la intervención en la educación. Esta educación va dirigida, por una parte, a los padres que deben aprender como lidiar con las conductas de su hijo y continuar criándolo y, por otra parte, a los niños que deben adquirir hábitos y desarrollar estrategias que compensen sus déficits. Por último, en algunos casos es necesaria la medicación paralelamente a las estrategias mencionadas.

CONCLUSIÓN
El TDAH es un problema de atención, hiperactividad e impulsividad complejo que se puede manifestarse de diferente manera en distintos niños. Detectarlo lo antes posible permitirá que se contenga de manera más eficaz y con mejor pronóstico. Actualmente existen tratamientos médicos, psicológicos y pedagógicos que ofrecen muy buenos resultados. Es muy importante enfatizar que estas intervenciones incluyen al niño, la escuela y, muy especialmente, a los padres. No dude en contactar con nosotros si cree que su hijo o hija tienen problemas de atención o impulsividad.

Para debatir,
¿Conoce algún niño con TDAH?
¿Cómo cree se puede mejorar los hábitos para el manejo del niño con TDAH?
¿Cómo cree que evoluciona un niño con TDAH cuando no es tratado?

Para más información: 
CENTRO ITAE 
T 902 100 006 

jueves, 6 de mayo de 2010

LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS


La llegada de un hijo a la vida de una persona supone algo extraordinario, especial, emocionante, lleno de momentos inolvidables…lo que cuesta reconocer es que también es el inicio de una nueva vida. Sí, una nueva vida. De repente, la vida de los nuevos papás sufre un vuelco y el centro de su universo pasa a ser todo lo relacionado con su hijo: alimentación, sueño, llanto,…y con el paso de los años llegan nuevas preocupaciones: escolarización, amistades, normas, límites…en definitiva su educación.

Quizás no lo parezca, pero la educación de un hijo es algo que se fomenta a diario, en cada idea, palabra o acción que se le transmite al niño. Por ello, es importante tener en cuenta las siguientes pautas:

1. LOS PADRES COMO MODELOS: A menudo, algún padre exige a su hijo que no grite, que no pegue a otro niño, que coma verdura, que se lave las manos antes de comer, etc…pero no se debe olvidar que la mayoría de los niños ven a sus padres como modelos a seguir. Por tanto, un padre o una madre no puede exigir una conducta al niño y luego realizar justo la contraria. Los papás deben comer verdura, deben lavarse las manos antes de comer, no deben gritar, etc.

2. SINCERIDAD ANTE TODO: muchas veces, los niños hacen preguntas incómodas sobre diferentes temas (sexualidad, muerte, etc.). ¿Qué les explicamos? ¿Cómo? Sin duda, lo mejor siempre es decir la verdad, adaptada a la edad de cada niño, pero la verdad. El niño es un miembro más de la familia y haciéndolo partícipe de todo lo que ocurre en el seno familiar, también conseguimos que se sienta integrado.

3. COMUNICACIÓN: es de vital importancia que exista una sana comunicación entre padres e hijos, ya que ello influirá muy positivamente en la expresión emocional y la autoestima de los niños cuando sean adultos. Cuando son niños, se les pueden enseñar diferentes habilidades relacionadas con la comunicación: identificación de sentimientos, expresión de emociones, cómo pedir disculpas, aceptar un cumplido, aceptar una crítica, saber escuchar, esperar su turno para hablar, etc. Todas estas habilidades se le pueden enseñar al niño a lo largo del día en diferentes momentos. Un ejemplo sería crear “Citas para hablar” (antes de irse a la cama o durante la cena son buenos momentos para citarse), siendo los papás los que pueden empezar explicándoles cómo les ha ido el día en el trabajo, para iniciar la conversación. Es de vital importancia no olvidar la Comunicación no verbal en este proceso (no podemos hablar a nuestro hijo o hija, mientras miramos un programa en la TV, por ejemplo).

4. ESTABLECER UNA RUTINA DIARIA: es importante mantener una rutina en la actividad cotidiana de cada día. De esta manera, nuestro hijo está prevenido, sabe qué ocurre en su día a día. Esa estabilidad en sus actividades y en su vida le procura una estabilidad emocional, que se transforma en un mejor nivel de autoestima.

5. ENSEÑARLE A ACEPTAR UN “NO”: los padres pueden enseñar a su hijo a tolerar la frustración, a fomentar la paciencia, enseñándole a aceptar un “no” por respuesta, ante ciertas peticiones.

6. NO SOBREPROTEGER: “sobreproteger” es diferente de proteger, cuidar, mimar, etc. Lo primero implica habitualmente consecuencias negativas. Una ocasión idónea para no sobreproteger a nuestro hijo es, en vez de no permitir al niño/a realizar alguna actividad por temor a las posibles consecuencias negativas, dejar que lo compruebe por si mismo/a. De esta manera, damos la oportunidad a nuestros hijos de aprender mediante la experiencia.

7. REFORZAR E IGNORAR: cuando los padres deseen fomentar o instaurar un nuevo comportamiento en su hijo, el mejor método es reforzar aquella conducta cuando tenga lugar (regalar un caramelo, darle un abrazo, decirle lo orgullosos que están de él, premiarle con una excursión en bicicleta, etc.). Así mismo, cuando existe una conducta negativa que se quiere reducir o eliminar, la mejor técnica es ignorar aquel comportamiento. Al ignorarlo, el niño no obtiene nuestra atención y muy probablemente esa conducta desaparezca al cabo de un tiempo. A pesar de ello, hay conductas en nuestros hijos que son difíciles de “pasar por alto” (por ejemplo, pegarle a alguien). En estos casos es mejor aplicar la técnica denominada “Rincón de pensar o Silla de pensar”, en la que el niño permanecerá tantos minutos como años tenga en un rincón de la casa, aislado, con el objetivo de reflexionar sobre lo ocurrido y posteriormente pedir disculpas. En definitiva, el objetivo primordial es que nuestros hijos aprendan que sus actos siempre tienen y tendrán consecuencias.

Estas pautas son de gran utilidad en la difícil tarea de educar a nuestros hijos, pero existen casos más difíciles, en los que los padres necesiten una ayuda extra. En estos casos, EL MEJOR TRATAMIENTO es consultar con un profesional de la psicología que pueda pautar el comportamiento de padres e hijos, así como explorar si existe algún problema a nivel emocional, que esté impidiendo una correcta evolución en el crecimiento de nuestros hijos y en nuestra tarea de educarlos.


Para más información:
CENTRO ITAE
T 902 100 006